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Igualdad de género en la estética laboral

 

Cuando la inglesa Kate Hannah se quejó ante sus jefes tras haber recibido comentarios de índole sexual por parte de un cliente, lo que menos esperaba era que le acusaran de merecerlo por no llevar sujetador y acabaran despidiéndola. Rápidamente, Kate, como joven que es, hizo uso de las redes sociales para expresar tal discriminación y falta de igualdad declarando que los dueños del bar donde trabajaba no le irían a readmitir hasta no llevar el sujetador.

 

Y es que el papel de la mujer en el mercado laboral está cada día más presente, y nuestra consultoría lo toma como un factor enriquecedor para nosotros. Pero también evidencia un mercado laboral altamente sexista y descuidado para la mujer que hace necesario que establezcamos un plan de igualdad para evitar posibles conatos de desigualdad o tener pautas de actuación ante las distintas interacciones de la organización. Ya no solo hay una brecha salarial entre hombres y mujeres, sino que en la mayoría de trabajos y cargos de responsabilidad, el papel de la mujer se encamina a una cosificación sexual, que pone en manifiesto el sexismo que, desafortunadamente, todavía existe.

 

Cuando mi imagen la escoge la empresa

 

Muchas empresas entran en la decisión del vestuario de sus trabajadores, y en especial el de sus empleadas. Esta decisión que pudiera parecer tan personal, fue aprobada por el Tribunal Supremo en 2001, que estableció que la imagen del empleado pertenecía a la empresa durante el horario laboral. Pero ¿qué ocurre cuando la indumentaria escogida por la empresa choca con tus intereses personales? ¿No habría que modificar ciertos aspectos de la cultura empresarial sexista para fomentar un ambiente laboral que conduzca a una igualdad de género?

 

La cosificación

 

De sobra es conocido que muchos trabajos exigen una imagen que los representa y que actúa de acuerdo a la profesión que se desempeña. El uso de trajes formales por ciertos profesionales personaliza ese empleo y lo distingue. Pero para las mujeres ejecutivas y dedicadas al mismo ámbito, la imposición de faldas, tacones y maquillaje, aparte de dirigir su imagen a la cosificación, es un vestuario claramente incómodo e innecesario para trabajar, que a largo plazo les puede llevar a sufrir problemas de salud.

 

Discriminación por género

 

Aunque en muchas empresas vaya costando alcanzar una igualdad real, sí que se han propuesto cambios en este sistema tan antiguo. Un ejemplo para destacar es el de Iberia, que posibilitó que las azafatas de vuelo pudieran elegir entre falda y pantalón renovando así la imagen del negocio.

 

Hacia un plan de igualdad real

 

En Kaleido Consultoría de Valencia también apostamos por esos cambios, y cada día observamos la necesidad de cortar con estas imposiciones sobre la vestimenta de las mujeres, que no muestra la profesionalidad ni sus habilidades en un trabajo y sin embargo, agranda la discriminación laboral por género. Es sin duda alguna, una de las principales causas de que no se consiga una igualdad entre hombres y mujeres.


 

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Noticia de la historia de Kate Hannah

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